Venezuela es nuestro país, esto es verdad, es bonita y agradable, mas habrá quienes se queden ahí, no sienten que más allá de las palabras estas se traduzcan en oportunidades y bienestar.
Hasta hace poco muchos sentían que para su vida solo bastaban sus fuerzas, recuerdo oír “yo me levanto temprano todos los días, salgo a trabajar duro, produzco para llevar a mi casa, lo demás no me hace falta, la política nada me da y a ella nada le debo”, con esto quedaba clara su relación con las estructuras formales del Estado y de gobierno, tanto nacional, como regional o local. Para ellos Venezuela era un espacio legalizado en donde hacían vida, nada más.
Mas había formas comunes de comprensión social, para saberlo debemos ir a sus testigos, tenemos que oír a nuestros ancianos, nuestras raíces, por eso preguntarle a los abuelos cómo era la Venezuela de sus tiempos, cómo progresó y conocer sus vivencias es fundamental, un primer paso para honrar nuestra memoria histórica.
Saber de ese venezolano solidario, trabajador, honesto, integrado a su mundo, es necesario. Que llevó a una Venezuela rural y atrasada a otra urbana e industrial. En lo social, los vecinos se conocían y ayudaban desinteresadamente, niños y adolescentes respetaban a sus mayores y los tenían como sus modelos de vida; los padres en la educación de sus hijos; a la hora de una pena o dificultad ahí estaban familiares y amigos, especialmente los vecinos; esa Venezuela lamentablemente hoy nos es extraña. Para quienes les cuesta creer esto, lo cual comprendo totalmente, los invito a oír a sus ancianos, ellos darán fe, a su manera, de lo dicho.
Esa Venezuela, como es notable, cambió. Desde la década de los 80 el declive económico social ha sido permanente, estructuras que jamás se han liberado del poder público, movido por un espacio político agotado que llevó a la crisis, en donde la relación del ciudadano con el poder público lo afectó, creando áreas de poder que atendían a la lealtad con lo político más que a las necesidades sociales, una política que trabajaba por su supervivencia, y ese venezolano se dejó llevar. De esos barros vienen estos lodos.
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