jueves, 5 de diciembre de 2013

Fotos: Afición respondió para el Caracas-Táchira

17.369 personas presenciaron una final de Copa sin violencia, pero que extraño a la barra aurinegra

CARACAS.- Un miércoles a las 3:30 de la tarde, después de un Magallanes-Caracas la noche anterior y con un Magallanes-La Guaira a jugarse horas después no es el contexto en el que se pueda imaginar un llenazo en el Olímpico, pero se trataba de un Caracas-Táchira que definía al campeón de Copa Venezuela y aunque había algunos claros del medio hacia la norte de la grada, una asistencia de más de 17 mil espectadores es más que destacable, sobre todo en un semestre de muchas sillas vacías. 



Caracas reforzó el número de efectivos de seguridad para este clásico, con todo y que los resultados de la logística del careo del 24 de noviembre fueron positivos. El dispositivo se activó temprano y pasado el mediodía se abrieron las puertas del estadio; sin embargo, las colas y la hora del partido llevaron a que el Olímpico se llenara de camisetas rojas ya sobre la hora del partido. Sonaba el Himno Nacional y había un gentío afuera. 



Tres accesos se habilitaron: uno para tribuna, otro para la hinchada roja y uno más para los aurinegros. En todos habían dos puestos de revisión, en los que se amontonaron desde latas y bolígrafos hasta un cepillo dental. Ah, tampoco se podía ingresar con periódicos. El filtro lucia más que exigente, pero hasta una botella se colo. 



Al interior del estadio se dio una comiquita temprano, cuando el exseleccionador nacional César Farías y quienes le acompañaban tuvieron un altercado con el personal de seguridad privada del Caracas en la zona que da al vestuario visitante. Arreglado todo se ubicó hacía un costado de la tribuna principal, acompañado por el empresario Ricardo Gonzalez, mientras que en la zona VIP, en la parte superior, colgaba una pancarta apoyando la candidatura de Noel Sanvicente a la Vinotinto. 



En la parte de afuera, un grupo de aficionados del Caracas intentó molestar durante el primer tiempo a los aurinegros presentes en la norte, un número reducido que logró entrar, en comparación con el anterior clásico en la capital, y la ausencia de la barra se notó muchísimo, no estuvieron esas gargantas que le hicieran frente a la sur, que no paró nunca de alentar a los suyos y le lanzó un recadito a Rafael Esquivel. También le restó algo de colorido la ausencia de los trapos que acompañan al aurinegro. 



Pero para el aficionado avileño todo fue fiesta. Edder Farias les dio una razón para celebrar como no lo habían hecho desde 2010 y los fuegos artificiales se vieron en el cielo caraqueño incluso antes del pitazo final. 



Con el cierre del partido vino la gran prueba para el operativo de seguridad: evitar que los aficionados tomaran la cancha al momento de la premiación. Se bajaron unos cuantos, alrededor de 50, pero sin interferir en el trabajo de logística para montar la tarima de los campeones. Los efectivos de seguridad no les permitieron entrar al ya bastante maltratado rectángulo de juego y la Copa fue a dar a las manos del capitán Alain Baroja en completo orden, con más de diez mil personas aún presentes entre grada y tribuna,  aplaudiendo y saltando por los suyos.



Luego, al momento de dar la vuelta Olímpica, la reja que da a la cancha por la zona sur se abrió y se desbordó la barra. Los jugadores se perdían entre la multitud, que aun tenía garganta para gritar y cantar un rato más. 



Cayó la noche y solo entonces se fue apagando la celebración en el Olímpico y al salir, rumbo a Plaza Venezuela había cola hasta para caminar, pues estaba por empezar la fiesta del béisbol al lado.




















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