miércoles, 5 de junio de 2013

Sabiduría

Se considera de sabios asumir conductas prudentes en la vida. “De ser prudente, nadie se arrepiente” decía un viejo refrán que escuché en mi infancia.

Desde Caracas.- La sabiduría ha sido definida de varias maneras, una de ellas como el conocimiento profundo que se tiene sobre determinadas ciencias o artes.

Se considera de sabios asumir conductas prudentes en la vida. “De ser prudente, nadie se arrepiente” decía un viejo refrán que escuché en mi infancia.

No obstante, en la política y la gestión pública, especialmente en los más altos niveles, salvo excepciones, parece prevalecer el criterio de que, quienes ocupan altas funciones, deben dar siempre la impresión de que son expertos en cualquier tema que se les plantee.

De allí que no sean muchos los ejemplos de humildad que se hayan dado a esos altos niveles de la vida nacional.

Sócrates puso en el frontispicio de sus conocimientos la frase “solo sé que no sé nada”, con la cual no confesaba su ignorancia, sino que todo cuanto podía saber era nada comparado con lo que ignoraba.

Hay quienes saben mucho de materias que tienen poca importancia social, por lo que es pertinente preguntarse ¿en qué consiste la sabiduría? Tengo para mí que consiste en vivir en armonía con Dios, con nuestros semejantes y con la naturaleza.

Fernando Savater señala que la secuencia lógica hacia este tema es: información, conocimiento y sabiduría. La información suministra los hechos de lo que sucede.

El conocimiento jerarquiza su importancia buscando principios generales para ordenarlas y finalmente la sabiduría vincula el conocimiento con las opciones o valores que podemos elegir, intentando establecer cómo podemos vivir mejor, de acuerdo con lo que sabemos, sin crear por ello nuevos y mayores problemas.

No se concibe la sabiduría sin inteligencia, aunque sí la inteligencia sin sabiduría. Un viejo proverbio griego afirma “el que nada duda, nada sabe”, que también puede formularse así “mientras más se sabe, más se duda”, aunque en este caso la duda no es vacilación, sino la sabia aspiración de no equivocarse.

Por ejemplo, a muchos de nuestros dirigentes no les vendría mal un poco de ignorancia, quizás de esa forma no se creerían poseedores absolutos de la verdad y harían un esfuerzo por encontrarla.

Es posible que de esa manera aprendan que hacer la guerra es más fácil que construir la paz, que es, en definitiva, lo que los pueblos anhelan. Vivir en paz y armonía es el fruto principal de la sabiduría.

Para la guerra basta el odio, para la paz es necesario la justicia. La justicia es una de las máximas expresiones del amor al prójimo.

El día que los ciudadanos sean vistos por los gobernantes, no como simples electores, sino como prójimos, tendremos paz en Venezuela y podremos decir que estamos gobernados por personas que llenaron sus mentes, sus corazones y sus espíritus con las luces de la sabiduría.

fchuma2009@live.com

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