
Que la inflación de mayo haya dado un salto de casi 2 puntos con relación a la de abril (4, 3%), para un acumulado de 12,50 puntos porcentuales en lo que va del año, es una de las peores noticias que puede llegar al equipo responsable de lidiar en este momento con los problemas de la economía. Y es que si, al diagnóstico de cero crecimiento para el 2013 que admiten las estadísticas del BCV, se unen las tendencias inflacionarias, entonces no hay duda que el infierno de la estanflación ya está aquí. Fenómeno económico típico de las economías de la segunda mitad del siglo XX, y que advenía cuando gobiernos que disparaban el gasto público para conseguir votos, no tenían después recursos para invertir, ni estimulaban al sector privado para que lo hiciera. Aparecía entonces la famosa máquina de hacer billetes, instalada en las propias oficinas de los bancos centrales, que fomentaban un clima artificial de prosperidad, que desaparecía cuando los tenedores se enfrentaban con la espiral de los precios. Porque en los precios, residía, verdaderamente, el fin de tamaña fantasía y artificialidad, ya que, por alguna razón no definitivamente resuelta por la economía, se adelantaban, y por tanto, superaban al poder adquisitivo del dinero. La escasez asomaba su espectro como corolario de toda la cadena, y, tras ella, si los gobiernos ingresados al infierno de la estanflación contaban con suficiente fuerza, la libreta de racionamiento. Que es el final cuando el ciclo se cierra en los llamados países socialistas y comunistas, en los cuales las dictaduras del proletariado, y de otros tipos, sirven casi exclusivamente para imponerles por la violencia las más grandes adversidades a las mayorías. La libreta de racionamiento es casi el símbolo de la dictadura de los hermanos Castro en Cuba, pero también lo fue en la Unión Soviética y la China Comunista, países que, a pesar de haber sido en un momento ejemplos mundiales en cuanto a la eficiencia en la producción de granos, después se convirtieron en importadores cuando el comunismo devastó sus campos y centros productivos. No hay aún una libreta de racionamiento en strito sensu en Venezuela, aunque ya pareciera que se están dando pasos para que los consumidores se acostumbren a sus restricciones, de modo que, para cuando presente sus documentos, no sorprenda a nadie. El control que empezó a hacerse ayer en Maracaibo para que los compradores de alimentos no se pasen, va en esta dirección, así como la exacerbación de las políticas oficiales de procurarse en otros países los alimentos que no producimos.
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